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Sin los asnos, buena parte de la poesía española o no existiría o sería peor. Lo declara un hecho histórico: el famoso encuentro de Juan Boscán con Andrea Navagero en Granada en 1526. El primero tuvo a gala anotar que volviendo a paso de caballería a Barcelona le vino a las mientes la idea de escribir versos a imitación de los italianos. Si el poeta catalán hubiera viajado en el tren que llaman ave, el césar de la poesía renacentista hubiera acabado así el encuentro: «Bon dia, ¿com va tot?» añadiendo «ciao ciao ciao che sono in fretta» y se hubiera olvidado de Bembo y de Petrarca. Agradezco al Estado español el lamentable estado de la red ferroviaria popular y la lentitud y averías de sus trenes, que me han permitido jugar a los versos y así deportar en las durísimas esperas. Este libro nace del aburrimiento, no de un chorro poético incontenible; si el lector tiene algo contra él siempre puede reclamar a Renfe, pero le advierto que es perder el tiempo. El editor sí atiende reclamaciones y devuelve el dinero sin necesidad de formularios por triplicado.

 
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