La editorial Turpin acaba de publicar el primer título de una colección que resuelve la demanda de las personas con dificultades visuales: poder seguir leyendo sin que el cuerpo de letra se convierta en una tortura.

“¿Oye, tenéis libros con letra gorda?”. Con esta pregunta surge el sello Camaleona, de la editorial Turpin, una nueva colección que atiende una demanda social creciente, pero invisible y no resuelta: la de muchas personas que aman la lectura, pero que tienen dificultades con el tamaño de la letra. Ya sea por la edad, por enfermedades como la degeneración macular o por cualquier tipo de discapacidad visual, enfrentarse al cuerpo habitual de la letra de los libros (entre 11 y 13 puntos¿?¿?¿) puede resultar frustrante. Un tamaño de la letra excesivamente pequeño añade una dificultad añadida a sus problemas de visión y frustra las ganas de leer.

Por ello, para que personas de todas las edades y capacidades puedan seguir disfrutando del placer de abrir un libro y ponerse a leer sin barreras nace Camaleona. La idea se pone en marcha a principios de este año con una llamada que parte de los responsables de la Unión, una asociación de Plataformas en defensa de los servicios sociales y la discapacidad funcional. El problema de los asociados con problemas de visión al enfrentarse a los textos habituales es recurrente y su solución no parece muy difícil, sobre todo si conoces a alguien que hace libros y cuya editorial siempre ha sido extremadamente sensible y receptiva con las diversas causas sociales. Así es la editorial Turpin, con base en el madrileño barrio de Carabanchel y no, en enero no tenían libros con letra gorda. Lo que sí tenían (y tienen) son buenos reflejos y capacidad de respuesta de modo que se pusieron manos a la obra y, dos meses después, los libros ‘con letra gorda’ (cuerpo 21) son una realidad.

El primer título de esta colección se titula Luz y Tarta de Manzana y el autor es uno de los habituales de esta editorial acostumbrada a las peticiones de particulares. Con varios libros publicados con Turpin, Miguel Garrido recuperó el placer y la vocación de la escritura después de una larga carrera en la empresa. Nació en 1929, de modo que le ha parecido una gran idea poder ver las aventuras de su personaje Alvarito el ingenuo con una letra tan grande, “tan cómoda”, en sus palabras. Y da en el clavo: muchas veces no se trata de capacidades o discapacidades, sino simplemente de que, con la edad, se agradece un tipo de letra mayor porque facilita la lectura y permite leer más tiempo y más libros.

De momento este es el único de la colección Camaleona. Con un logo diseñado por el prestigioso ilustrador Carlos Pan, el nombre evoca esas antiguas gafas de lectura que agrandaban todo, incluido los ojos de quienes se las ponían para leer. Al responsable de Turpin, Jose Manuel Almeida, esa imagen le traía recuerdos familiares de su madre y su abuela intentando seguir leyendo con ese tipo de lentes que les daban un aspecto fantástico, camaleónico… Esta colección se convierte así en un recuerdo y un homenaje a todas las personas que aman los libros y quieren seguir leyendo a pesar de las dificultades. Y para solventarlas es preciso que existan editoriales comprometidas como Turpin y personas, organismos y entidades que ayuden a hacer todavía más grande, en títulos y tiradas, la pequeña y necesaria Camaleona.